• Lic. Matías Martín

La construcción de un enemigo en tiempos de Covid

En la actualidad, un grupo de personas es abiertamente atacado, injuriado, perseguido y discriminado desde el discurso y desde lo legal, con el aval de políticos, entidades y medios de comunicación, contradiciendo todo estándar moral sobre lo injusto, incorrecto e ilegal de la segregación. ¿Cómo es posible que esto sea aceptado por gran parte de la población? Lo incomprensible cobra sentido cuando entendemos los mecanismos utilizados para hacer de este grupo un enemigo al que no se perciba como un igual merecedor de derechos. Una estrategia utilizada constantemente a través de la historia por quienes quieren radicalizar a las masas.


Este control de las pasiones colectivas se logra utilizando lo que ya está ahí en las personas, sin que éstos adviertan cómo están siendo utilizadas y creyendo que actúan en su beneficio. Hay que ir entonces a los fundamentos de la mente humana. El Yo (el centro de la conciencia), buscando tener una imagen aceptable de si mismo, se constituye asimilando todas las características buenas para si y proyectando afuera las negativas, desconociéndolas como parte propia, y durante la vida se prefiere buscar confirmación de lo primero y evadir evidencias de lo segundo. Por esta razón es tan difícil aceptar una crítica y por el contrario es tan común culpar a otros o al mundo de los problemas que se tienen.


Esta tendencia debe madurar para lograr una integración entre ambas partes, donde se puedan aceptar fallos propios y se puedan reconocer virtudes ajenas, pero esa madurez es compleja, y más aún a nivel del pensamiento de masas. A nivel social sobran ejemplos de estas rivalidades donde se percibe en el otro todo lo rechazado, sin matices: Desde un River-Boca, pasando por derecha-izquierda o católicos-protestantes, por mencionar algunos, en una tendencia que se repite sin fin en los diferentes ámbitos de la vida. Lo que la cultura en que se vive aprecie y o sancione marcará en gran medida eso que se valore o rechace en uno mismo. Las cualidades más temidas y rechazadas culturalmente son la locura, el egoísmo extremo, la estupidez y la maldad. Cualidades que nadie quiere tener y con las que nadie quiere relacionarse y que aparecen en la psicopatología como psicopatía y narcisismo, entre otros. Sobre estos grupos hay tal rechazo que históricamente se ha aceptado que sean encerrados, porque no se adaptan a la sociedad, y esto hace que se los vea como peligrosos ya sea porque no pueden comprender las reglas sociales o porque disfrutan de violarlas.


Entonces, quien quiere segregar a un grupo y que esto sea aceptado por una mayoría, debe lograr que se lo asimile con los locos, los malignos o con alguna categoría que ni siquiera les de status de personas (tras esto esta la base de toda discriminación), y así ha sucedido en la situación actual con todo aquel que cuestiona las medidas sanitarias tomadas. De ahí el uso de términos como anti cuarentena, conspiranoicos o anti vacuna, que buscan aunar bajo un sólo término a toda disidencia, generando la percepción de que si se oponen a estas medidas fomentadas por el poder es porque son incapaces de comprender su beneficio o porque no tienen interés más que por su propio bienestar. En cualquiera de los casos, son peligrosos para la sociedad y se facilita culparlos por todos los males que se estén atravesando. Hay que dar para esto la impresión de que se trata de grupos escasos, poco formados y de baja reputación, que encajen en esas categorías.


¿Existen las personas que, por su falta de comprensión o por su desprecio por el otro, son un peligro para la sociedad? Evidentemente existen, pero no son exclusivas de ningún tipo de ideología, se encuentran en todas ellas. Pero el cuestionamiento a lo establecido es también representado por personas capaces que pueden ver los fallos de lo impuesto y contribuir a generar crecimiento y evolución a partir de sus críticas, y personas altruistas que se exponen a la crítica y el rechazo más feroz por exponer ideas que consideran beneficiosas para los demás. La historia del pensamiento humano y la ciencia están plagadas de quienes se opusieron a los mandatos y dogmas de su época para generar revoluciones sin las cuales los avances no hubieran sido posibles.


¿Cual es el truco para construir un enemigo al cual las masas acepten se despoje de derechos, se censure, persiga y fuerce en contra de su voluntad? Igualar en el imaginario a quienes tienen una capacidad cuestionadora constructiva con el grupo al que se desprecia. Este argumento, que ya de por si evita evaluar la complejidad propia de cualquier fenómeno social, se encuentra con graves problemas cuando el cuestionamiento viene de eminentes científicos como Peter McCullough (líder mundial en su campo), Robert Malone (pionero en desarrollo de vacunas ARNm), o premios nobel como Michael Levitt o Luc Montagner, entre miles de médicos, científicos y catedráticos que alrededor del mundo han presentado diferentes niveles de cuestionamiento a las imposiciones presentadas como verdades absolutas, y de los cuales muchas personas aprenden para argumentar su oposición. Porque si el enemigo es, al menos en parte, capaz, desinteresado, presenta puntos de vista informados y atendibles, y además es numeroso, ya no puede colocárselo en esas categorías temidas que tranquilizan las conciencias de quienes nunca aceptarían semejante violencia si su conciencia no logra justificarla.


Nota de mi autoría publicada en el diario La Prensa


https://www.laprensa.com.ar/511956-La-construccion-de-un-enemigo-en-tiempos-de-covid.note.aspx


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