• Lic. Matías Martín

La nueva realidad, en 24 puntos


"El poder consiste en hacer pedazos las mentes humanas y volver a unirlas en nuevas formas que elijas."

George Orwell, 1984



Ha terminado un año que será, sin lugar a dudas, parte de la historia contada en el futuro. La vida cambió de la noche a la mañana, y nadie pudo quedar ajeno a ello. Rápidamente se configuró una visión del mundo inusitada, catastrófica, disruptiva con todo lo anterior, y con enormes consecuencias para la mente colectiva e individual. Se estableció una nueva realidad sostenida por gobiernos, grandes empresas, representantes de la ciencia y la medicina y figuras públicas. Cuando desde el poder se avanza tan agresivamente una forma de interpretar la realidad, necesariamente esta se traduce a hechos materiales. Un combo arrollador al que fue casi imposible cuestionar, aunque el paso del tiempo fue abriendo grietas. ¿Un virus causó esto? ¿O fue la reacción a este? ¿Fueron las respuestas desmedidas, equivocadas, intencionadas, accidentales, producto de la ignorancia? Era esta nueva realidad la única alternativa posible, o existían otras? Dejando estas preguntas abiertas, hacemos el intento de describir esta nueva realidad que, vista punto por punto, no deja de resultar shockeante.


1 La vida en suspenso


En la práctica, las medidas tomadas pasaron prácticamente en simultáneo con la versión oficial de la situación que era transmitida a la población. Por lo tanto, antes de comprender lo que esta nueva normalidad implicaba, la vida de las personas fue golpeada por medidas que la alteraron totalmente. En principio, se dijo que eran por un tiempo breve, pero poco a poco fue quedando claro que las medidas marcarían la vida por mucho tiempo.


Prácticamente toda actividad fue prohibida. Excepto las que el gobierno considero esenciales. Se multiplicaron paisajes apocalípticos, ya sea de compras desesperadas (reacción inevitable cuando se decreta el encierro por tiempo indefinido de la población), calles desérticas, y, por obra de los medios de comunicación que cantaban a coro la misma cancion, imágenes de personas cubiertas de pies a cabeza con trajes protectores solo vistos anteriormente en películas, hospitales desbordados, gente enmascarada o cubierta de formas insólitas en calles y supermercados y hasta ataúdes apilados y tumbas cavadas. Las calles que podían verse con los propios ojos pasaron de un día para otro a estar militarizadas por agentes encargados de regular todo movimiento.


Los instintos más básicos de supervivencia se disparan al ver todo lo conocido bajo amenaza, y la reacción más natural es que la racionalidad desaparezca, dejando lugar al terror y la búsqueda de salvación ante cualquiera que la prometa. Ante este escenario, fue presentada la nueva realidad. Una nueva serie de verdades empezó a ser transmitida al unísono por quienes concentran el poder de la comunicación ¿Cuáles fueron sus consignas?


2 Nuevo dogmas


Aislamiento obligatorio, quedarse en casa, "distancia social" de cualquier ser humano, uso de máscaras en las calles, limpieza constante, testeos, cuidar el sistema de salud, aplanar la curva, fueron nuevos lemas a obedecer, porque de lo contrario, la única alternativa es la muerte, hasta que llegue una vacuna. "Derrotar" a esta amenaza de la forma indicada debe ser el centro de la vida a partir de ahora y hasta nuevo aviso. Este fue el nucleo del relato, aquello que justifica todo lo demás.


3 Protocolos para existir


Para todo se debió pedir permiso. Para salir a la calle, para circular, para viajar, para trabajar, lo que podía ser negado aunque sin eso no hubiera medios de sustento. Así surgió un mundo donde todo está pautado y reglado, y para quien no lo cumple, la ley tiene vía libre para castigar. Cuando las medidas se"relajan", se deja claro que esa aparente libertad es un préstamo que puede quitarse en cualquier momento


4 Todo prohibido


A esta visión del mundo hubo que ajustarse a los golpes, sin áreas que brindaran satisfacción. Porque ella vino con la prohibicion de todo lo que hace a la vida de las personas que no pasa en el hogar: Trabajo, estudios, familia, amigos, encuentros, sexo, celebraciones, ejercicio. Sin cines, sin teatros, sin deportes, 24hs en casa. Sin festejos, cumpleaños, graduaciones, porque nadie podía festejar. Sin siquiera funerales para despedir.


5 Un solo tema en el cual pensar


La consecuencia de la suspensión masiva de los sostenes de la vida de las personas, es que no hay descanso para una mente a la que solo le queda como alternativa mirar pantallas, y dondequiera que mira, solo hay un tema. Esta realidad no admitió competencias por la atención de las personas.


6 La virtualización de la vida


La pérdida del contacto humano fue la consecuencia inevitable de las soluciones incuestionables que con ella vinieron. Sin otras personas, no hubo con quien compartir la angustia, no hubo terreno real donde poner en duda lo establecido. Mientras ayer se decía que limitar el tiempo con la tecnología y conectarse con el mundo real era necesario para evitar perjuicios varios de un mundo digital cada vez más imponente, en el modelo impuesto prácticamente no existió actividad que no sea virtual, y estas se volvieron la única fuente de entretenimiento. Y esto, se deja claro, llegó para quedarse.


7 La salud mental como irrelevante


Las definiciones de salud vinculan hace tiempo la salud física a la salud mental, como un todo inseparable. Sin embargo, en este nuevo orden de cosas, la salud mental no aparecía considerada en ninguna parte. Fue tomada como una categoría inferior a la salud física, que no tiene lugar para ser considerada algo a cuidar. El disfrute, la alegría, el vincularse, la motivación, el trabajo. las mismas ganas de vivir, antes pilares fundamentales del bienestar, perdieron todo su valor. Esta idea aparece como fundamental en un contexto donde todo lo que se está imponiendo es enormemente perjudicial para la misma.


8 Desconexión mente cuerpo


Como consecuencia del punto anterior, inevitablemente se desprende una mirada que pone al cuerpo como un objeto que puede o no enfermar en contacto con un virus. Por lo tanto y en contra del saber existente, nada de lo que sucede mentalmente tiene efectos sobre la salud física, ya que de lo contrario, se impondría una seria discusión sobre el impacto de las medidas.


9 El miedo a la muerte


La muerte ronda tras cada semáforo, tras cada dolor extraño que aparece en el cuerpo, ante cada pérdida que se tiene en la vida. Es omnipresente, y sin embargo entendemos que no podemos pasar nuestra vida con miedo a ella. Pero en esta nueva normalidad, los números de muertes que nunca se observaban tomaron el escenario. Y ya que el bienestar psicológico es intrascendente para la salud, hay vía libre para aterrorizar. Más miedo son más precauciones tomadas. Para este fin, no dieron descanso los conteos de muertes, contagios, presagios sombríos, un virus pintado como incomprensible y siempre amenazador. Asimismo, cualquier idea que intentaba reducir la preocupación fue tapada por cien anécdotas para demostrar que nadie, en ningún momento, está a salvo.


10 El miedo a la pérdida


Si bien la propia muerte es el miedo más fundamental, el miedo a la pérdida de lo que se ama es en muchos casos aún peor. El dolor de no tener a quien se ama es tan grande que puede llegar a superar al deseo de vivir. En este escenario, no dejó de fomentarse el constante temor de que si no es por uno mismo, al menos se debe tener miedo de que la muerte le llegue a nuestros afectos, sobredimensionando para esto sus posibles vulnerabilidades.


11 La culpa


Siguiendo con la cronología de los miedos, el siguiente es el miedo a ser la causa de contagio y consiguiente muerte del otro. Si las anteriores no disuaden de intentar cualquier actividad básica con cierta tranquilidad, la culpa de ser el "causante" de la muerte del otro, aparece como otro poderoso eslabón del terror.


12 La criminalización del deseo


El deseo, esa fuerza que impulsa a un ser humano hacia lo que quiere, no tuvo lugar en el mundo propuesto. Sin deseo, la persona no tiene razones para actuar. Y eso es mejor, ya que quien desea otro cuerpo, el contacto, quien desea reír, cantar y bailar (fuera de la soledad de la casa) es egoísta, un criminal desconsiderado con sus semejantes, y aquí no hay exageración posible, ya que estas actividades se volvieron del dominio de lo ilegal.


13 Todos pueden ser mortales


La confianza en el otro es un aspecto crucial de la sociedad, y en los niños, de su socialización. ¿Qué ocurre cuando toda persona se vuelve, de un momento a otro, posible portador de un daño? ¿Qué ocurre cuando incluso personas cercanas y queridas son señaladas como causa de la propia enfermedad y muerte?. Según esta mirada, todos están enfermos hasta que se demuestre lo contrario, y sin reparar en sus consecuencias, se promovió esta sensación por todos los medios posibles.


14 Todos pueden ser el enemigo


Cuando se establecen una serie de reglas rígidas para la convivencia, asegurando que solo su cumplimiento provee seguridad, cualquiera que las transgreda se convierte instantáneamente en un enemigo. Así, se dio vía libre a las denuncias al semejante, y a todo tipo de situaciones violentas entre ciudadanos, habitantes de un mismo edificio, colegas y por supuesto, internautas. Denunciar al semejante volvió, como en tiempos muy oscuros, a ser bien visto.


15 Repetición hasta el hartazgo


Un día de malas noticias es parte de la vida. Semanas de estas, ocurren en ciertos casos excepcionales. Sin embargo, noticias aterradoras durante meses y meses, sin pausa, exigieron al límite la estabilidad de todo quien tuviera acceso a los medios de comunicación, con consecuencias que están todavía en proceso de conocerse.


16 Lo patológico es sano


Limpiar obsesivamente es un síntoma de una patología que impide disfrutar la vida, ya que el que todo sea impoluto se impone sobre cualquier disfrute. Y el mundo se resiste a ser impoluto. Aquí, sin embargo, fue igualado a ser responsable y cuidadoso con los demás.

La fobia es una patología que limita enormemente la vida, ya que toda situación que provoque temor debe ser evitada, quedando muchas veces poco que puede hacerse sin sufrir una ansiedad insoportable. Desde 2020, sin embargo, carecer de algún grado de esa sensación fue igualado a ser irresponsable, inconsciente, falto de solidaridad, y negacionista.

El aislamiento y la reclusión totales son señales inequívocas de un problema de salud mental. En estos tiempos, esto se volvió sinónimo de salud, criterio, y hasta de heroismo.


17 La autodeterminación desaparecida


Hacerse cargo de la propia vida supo ser un signo de alguien consciente, con capacidad de discernimiento, activo en la búsqueda de recursos para estar mejor. En este año, el estado pasó a decidir que es saludable y que no, qué está bien y que está mal. Todo trabajo en la propia salud y bienestar sólo pudo venir luego de someterse a todas las directivas e infinitos reglamentos impuestos, siempre y cuando no contradijera a ninguno de ellos.


18 La salud es solo ausencia de enfermedad.


Según el relato oficial, nada se puede hacer para fortalecerse, para ser protagonista de la propia salud. El fomento de la salud dejó de existir. No hay como tener un cuerpo más saludable, un sistema inmunológico fortalecido. Ni la alimentación sana ni el ejercicio cambian algo en cuanto al riesgo. De la noche a la mañana una gran parte de lo que era saludable fue quitado, prohibido. Salir al aire libre, abrazarse, visitar a los seres queridos, ir a estudiar, salir a bailar, salir a festejar algo, eran antes señales de salud física y mental. Caracterizándolas como actividades potencialmente mortales, no solo se negaron sus beneficios, sino que pasaron a ser penalizadas. Se transmitió, una y otra vez, que la evitación de un patógeno es la única acción posible.


19 La infantilización de la población


Teniendo en cuenta lo anterior, no parece quedar otra alternativa que esperar las indicaciones y las soluciones que llegan de arriba. Estas llegaron en forma de consignas simples y desprovistas de contenido que pueda ser pensado y debatido. El resultado fue una población confundida, asustada y a la espera de soluciones, en un estado característico de la dependencia infantil.


20 La suspensión del futuro


Tener proyectos de vida es uno de los más claros indicadores de salud mental. Hoy, nadie es dueño de su futuro, sino que se ha hecho hábito vivir a la expectativa de que un anuncio en una pantalla nos diga qué y cuando podemos hacer. Este estado de situación es presentado como algo sin un fin claro, y que esto continúe siendo así se muestra como parte inseparable de la nueva realidad.


21 La pérdida de la libertad


No puede desconocerse que la libertad es un valor humano fundamental. La esclavitud es una de las situaciones mas aberrantes en las que puede estar una persona. No casualmente encarcelar a alguien es el castigo por excelencia de la sociedad actual. Sin embargo, súbitamente se impusieron parámetros donde todo esto se intenta ignorar por completo, no solo negando cualquier valor de la libertad, sino presentándola como una pretensión de aquellos carentes de empatía.


22 La violencia del consenso


Oponerse, dudar, cuestionar, preguntarse si algo de lo anterior es incorrecto, nocivo, finalmente perjudicial para la salud ha sido, en el contexto actual, objeto de violentos ataques, feroz etiquetado, ridiculización y tantas más vejaciones dirigidas a quienes presentaron una mirada crítica. No solo por medio de la presión social, sino por medio de la ley y la censura incontrolada, bajo el argumento de cuidar la salud.

Pocos antecedentes puede tener semejante categorización de los buenos como quienes acatan las medidas impuestas y los malos, quienes las cuestionan e incumplen. No hay lugar para contrastes en la nueva realidad.


23 Imposibilidad de relajarse


La vida transcurre entre tensiones que deben resolverse. La sucesión de estas, genera un desgaste notorio, y por lo tanto las personas necesitan momentos libres de preocupaciones para recuperar fuerza y estabilidad. Para la mirada dominante, "relajarse" es connotado negativamente, y la maquinaria mediática ha hecho lo posible para que nadie pueda apartarse de un estado de alerta constante, que, se sabe, es insostenible para cualquier mente humana.


24 El sinsentido


Largos días se convirtieron en semanas, luego en meses, llenos de días iguales. Tras algún descanso, el ciclo parece repetirse. En este panorama, fue y es difícil no preguntarse, ¿para qué? Cuando las actividades pierden su sentido de futuro, tarde o temprano se pierde toda motivación por realizarlas. ¿Para qué esforzarse por algo que no parece tener fin? Es un posible cuestionamiento a este paradigma que, luego de dar innumerables órdenes, termina por olvidar la razón por la cual se actúa.


Sin embargo, la resiliencia


La resiliencia humana, la capacidad de transformarse ante la crisis, de superarse a uno mismo, de rebelarse ante la opresión, nunca muere y por tanto no puede ser suprimida. Muy a pesar de lo que se baja a la población, por ignorancia, ineptitud o malicia, no pudo nunca apagarse la luz de la creatividad humana, que, impulsada por la urgencia de las peores circunstancias, fue capaz de salir adelante, encontrar nuevas soluciones, crear alternativas, y crecer en el proceso. Esto sucedió a pesar de esta nueva interpretación de la vida, que ofrece como consuelo únicamente su visión de la solidaridad y el cuidado mutuo. Porque teniendo en cuenta todo lo relatado anteriormente, cabe preguntarse si el cuidado y la empatía por los demás son característica de quienes acatan esta nueva realidad, o de quienes la cuestionan.








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